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Emociones y sentimientos en el diagnóstico de la infertilidad

Las emociones cuando nos enfrentamos a un problema de fertilidad

Tener hijos es una necesidad vital para la mayoría personas. Es su proyecto de vida más importante. Por ello, cuando se presentan dificultades en este momento, se trata de una de las situaciones más difíciles que se pueden abordar en pareja o en solitario.Conscientes de este problema y enfrentándonos a esta situación a diario, resumimos un artículo escrito por D. Agustín Moreno, Psicólogo del Grupo de Psicología de la Sociedad Española de Fertilidad.

A pesar de toda la marea de emociones de las que ahora hablaremos, son muchas las mujeres y parejas que consiguen su objetivo de ser padres mediante técnicas de reproducción asistida. Vaya por delante que gracias a los avances en este campo, hoy en día es posible tener hijos cuando existen problemas de fertilidad o cuando no hay pareja masculina (recurriendo a semen de donante). La reproducción asistida se ha consolidado como un camino más, una alternativa inexistente años atrás que consigue hacer feliz a muchas familias. este artículo os ayudará a muchos y muchas a comprender las emociones y sentimientos que estáis sintiendo.

Ánimo a todos los que estáis en tratamiento de fertilidad. 

Muchas veces las parejas esperan años antes de acudir a una Unidad o Centro de Reproducción Asistida, en la mayoría de los casos por miedo a no poder afrontar un diagnóstico desfavorable, desconocimiento, etc… Este hecho provoca que cuando una pareja se sienta por primera vez con un médico especialista en fertilidad, ya lleva consigo un alto nivel de sufrimiento emocional.

El estrés es un factor muy relacionado con la fertilidad, tanto por su posible influencia negativa en la capacidad reproductiva como porque el propio diagnóstico y tratamiento son una fuente de estrés.

Cinco son las etapas del “duelo” que suelen vivir las parejas diagnosticadas de infertilidad.

  • Shock.
  • Enfado.
  • Negociación.
  • Desesperanza.
  • Aceptación.

SHOCK

Se trata de una fase en la que la pareja suele negar su problema. No se lo creen. Piden un segundo diagnóstico. Achacan sus problemas al cansancio o la necesidad de vacaciones. Se cree que la infertilidad es un problema temporal y que se solucionará normalmente sin ayuda alguna.

ENFADO Y BÚSQUEDA DE CULPABLES

¿Por qué a nosotros? Las parejas sienten injusticia, fracaso, incomprensión… En algunas situaciones, la ira y el enojo sirven para atacarse mutuamente y echarse la culpa. Es muy importante que la pareja esté preparada para afrontar esta etapa unidos.

NEGOCIACIÓN

En esta fase es habitual que la pareja intente hacer lo que sea para recuperar el control y es con este fin con el que se intenta negociar, por ejemplo, planificando cosas que hacer si se soluciona el problema.

DEPRESIÓN O INCREMENTO DE ANSIEDAD Y DE TENSIÓN

Sentimientos como el abandono, la desesperación, o la desolación son muy comunes. Las parejas tienden a sustituir cualquier esperanza realista por depresión o impotencia. Se tiende a pensar que no hay opciones. La falta de objetividad, causada por la gran implicación emocional, se adueña de todos los pensamientos negando cualquier buena expectativa.

En esta fase es fundamental no olvidar que los tratamientos de infertilidad son una carrera de fondo, un largo camino en el que hay que aprender a administrar las fuerzas con los descansos que sean necesarios para poder recuperarse entre tratamientos.

ACEPTACIÓN

En esta fase aunque no ha desaparecido el problema, la pareja ha  aprendido a manejarlo de forma emocionalmente sana.

Todo el proceso anterior, por el que pasan muchas parejas, nos permite comprender el comportamiento de las personas que tienen un problema de fertilidad y se están sometiendo, o se tienen que someter, a un tratamiento de reproducción asistida.

Dado que aún existen muchos tabúes y mitos falsos sobre fertilidad, no es extraño que la pareja sufra aislamiento social y personal. Se suelen tener dificultades para explicar esta situación a las personas del  entorno. Los hombres además con el añadido de que la infertilidad masculina generalmente se asocia, equivocadamente, a una falta de virilidad.

La culpa. Es habitual que un miembro de la pareja piense que sus comportamientos anteriores han podido influir negativamente en su capacidad reproductiva (si hubiera dejado los anticonceptivos antes; si no hubiera aceptado ese trabajo… etc.)

Ansiedad porque no hay seguridad en el éxito de los tratamientos. ¿Y si no funciona?; ¿Y si nuestro caso no tiene solución? En ocasiones, tener un hijo mediante reproducción asistida representa un largo camino en el que cuesta ver un final con éxito.

Depresión, por la incapacidad de afrontar el tratamiento porque algunos de los miembros de la pareja no puede compartir su problema con los demás, o por las dificultades de sobrellevar la situación dentro de la pareja, etc…

Cambios de la relación de pareja. Los tratamientos de fertilidad conllevan visitas muy frecuentes al médico, intervenciones quirúrgicas, medicación en horarios determinados e incluso una programación de los momentos para tener relaciones sexuales. Todo esto supone una importante alteración de la rutina diaria que afecta a muchos aspectos de la vida en pareja. Además, la comunicación entre la pareja suele dificultarse durante el tratamiento para la infertilidad.

  • La pareja no debe cargarse con el peso de la responsabilidad de la situación que les ha tocado vivir. No deben asumir esta culpa.
  • El periodo de tiempo necesario hasta la aceptación es variable y personal. Cada pareja se debe tomarse el tiempo que estime necesario. La aceptación del problema permite tomar una decisión sobre las alternativas.
  • No compartir los sentimientos puede aumentar el sentimiento negativo de angustia, culpa y aislamiento y empeora la tensión en la relación, lo que en muchos casos también influye negativamente en la vida sexual.